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Concentración de miedos y medios (2da parte)

Entre la utopía minera y la guerra sucia

Publicado: 2014-02-19

En varias entregas, el periodista Jaime de Althaus, entrevistó a uno de los líderes de la campaña de miedo y criminalización contra quienes se atreven a poner en cuestión los grandes proyectos mineros en sus territorios o hacia los activistas de las ONG: el “consultor” Santillana, quien tiene a su disposición a muchos e importantes medios de comunicación. En esas entregas se hace posible ver cuál es la utopía minera que hace parte del horizonte ideológico de la derecha local, pero también la infamia con que actúan quienes hacen uso abusivo de los medios controlados por determinados grupos de poder, para sostener sus puntos de vista y sus intereses concretos a través de la opinión tendenciosa y la fabulación conspiranoica que halla su chivo expiatorio en las acciones de los “antimineros”.  

En efecto, para estos líderes de opinión la explicación de todos los males del país se concentra en los “antimineros”; y la mágica solución a todos estos males, en el desarrollo de los grandes proyectos mineros. En una de las entrevistas, el “consultor” Santillana nos muestra, en una evidente fabulación, como los activistas y líderes sociales son antimineros que se han venido oponiendo a lo largo de varios años a la inversión con recursos de las ONG, constituyéndose en agitadores permanentes contra todos los proyectos, siendo los principales responsables de la animosidad de la población frente a éstos. A esta clásica y estrecha explicación de los conflictos sociales en torno a las actividades extractivas, se agrega otra poco creativa: la de la existencia de una telaraña de intereses que cuenta con la presencia de izquierdistas, ambientalistas, caviares y senderistas en estos lugares, los que, con sus contrapartes internacionales y todos dentro del mismo saco, conspiran contra el progreso del país.

Pero las cosas van más allá todavía. Estos "antimineros" son responsables de todos los males habidos y por haber en los territorios: las extorsiones de “sindicatos” de construcción civil y la violencia desatada en torno a la construcción, el aumento de la criminalidad, la minería ilegal e informal, el narcotráfico, la violencia, muertes y un largo etcétera. La ausencia del Estado, la inexistencia de planificación, la falta de regulaciones, parecen no estar dentro de este esquema en el que la única solución a todos estos males es la realización de los grandes proyectos mineros de las empresas que auspician el trabajo del “consultor” Santillana. De esta manera, después de despacharse contra diversas instituciones y personas movilizadas por la maldad de su ideología, la solución mágica para resolver todos estos males, y alcanzar el orden, la paz y el progreso, es la presencia de estos proyectos en los territorios.

Esta explicación, obviamente, no resiste el más mínimo análisis. Baste pensar en la vinculación que hay entre las actividades formales y las informales e incluso ilegales que hay en el Perú de la que son parte muchas de las empresas que son tan caras a estos personajes: desde el empresariado legal y formal que vende insumos a la minería ilegal contra el que nunca se dice nada, o la compra de minerales que realizan algunas de esas grandes empresas a los informales e ilegales y la labor de las exportadoras. Es evidente que mucha de la criminalidad en el país se debe a la ausencia del Estado, pero también a esta imbricación que hay entre el dinero sucio de las actividades delictivas y el contrabando, y los intereses de algunas empresas formales y modernas. Pero de esto, claro, no nos dicen nada los utopistas de la gran minería, para quiénes los males del país los encarnan los antimineros y la única promesa que lo resolverá todo es la de la gran minería reinando en todas partes.

Aquí una de las entregas de la saga: 


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