Saúl Cantoral vive, 25 años seguimos tu lucha, multiplicamos tu ejemplo
(Brenda Cantoral y Álvaro Campana)
Este 13 de febrero de 2014 se cumplieron los 25 años del asesinato de Saúl Cantoral Huamaní, Secretario General de la Federación Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Siderúrgicos del Perú, a manos del Comando Paramilitar Rodrigo Franco, tras la segunda Huelga Nacional minera en 1988 cuyo objetivo era alcanzar un pliego único nacional. Junto a él fue asesinada también Consuelo García, fundadora del Centro de Mujeres Filomena Tomaira Pacsi y constante impulsora de la organización de las compañeras de los trabajadores mineros, que cumplieron una labor fundamental en el éxito de las acciones y luchas sindicales mineras de esos años.
El de entonces era un contexto convulso para el país, en medio de la violencia política y el fuego cruzado entre la represión del Estado que militarizaba los campamentos y asesinaba a dirigentes, como del constante hostigamiento y amenazas de Sendero Luminoso. Saúl Cantoral, y varios dirigentes con él, fueron capaces de unificar a los trabajadores de su sector, contribuyendo tras una dedicada labor a lo largo del país en las diversas bases mineras (pertenecientes a las empresas privadas y nacionales), a la acción conjunta de todos los trabajadores mineros, lo que no sería tolerado por el gobierno aprista y la patronal. La lucha de clases se hallaba en auge en torno a las riquezas obtenidas de la actividad minera, y mientras la patronal mantenía sus ganancias, la crisis y la explotación recaían en los hombros de los obreros mineros. El arma de los trabajadores era unificar sus luchas a través de un pliego único que permitiera negociar de manera conjunta las mejoras salariales y sociales de todos los trabajadores, superando así la negociación por empresa que los debilitaba.
Tras arrancar este derecho con la primera huelga, los trabajadores fueron traicionados ya que no se efectivizaría el mismo. Con ello, se vieron obligados a desarrollar una segunda huelga nacional. Ya Saúl había sido amenazado y secuestrado como forma de advertencia, y fue así que tras la segunda huelga, él y Consuelo García fueron secuestrados mientras tramitaban sus papeles para asistir a un congreso internacional y luego brutalmente asesinados en la ciudad de Lima,siendo arrojados sus cuerpos en el Parque Zonal Huiracocha de San Juan de Lurigancho,
Sin duda, no se trata solo de recordar, condenar y exigir justicia por este horrendo crimen. Usualmente se suele pensar en abordar lo ocurrido como una reivindicación de los asesinados pensándolos en tanto víctimas del conflicto, del terrorismo de estado y subversivo. Sin embargo, no sólo la muerte de Saúl, sino su vida, tienen más que decirnos sobre toda una generación de trabajadores y trabajadoras, que dieron un salto desde su escasos medios y su sentido básico de rechazo a lo injusto, a protagonizar los esfuerzos por construir un proyecto de país diferente al que advendría luego con la dictadura fujimorista y la imposición del neoliberalismo.
No sólo se trata pues de recordar su muerte, y la pena que eso implica, sino de hacer el esfuerzo de conocerlos, de comprender su lucha como las circunstancias humanas que los forjaron. Saúl y sus hermanos, hijos de campesinos que decidieron que su prole merecía la oportunidad de estudiar, abandonaron su natal Saisa (Ayacucho) y migraron hacia Nazca. Siendo una familia con escasos recursos económicos, además de realizar sus estudios, debían ganarse la vida en la calle. Saúl fue alguien que supo enfrentar frontalmente este destino, como lo hizo cuando en su pueblo debió enfrentar, aún niño, los abusos que entonces se perpetraban contra los indios (categoría que lo comprendía según el registro escolar) por parte de otros niños o adultos de mejor posición social, y como lo haría siempre.
Indignado permanente contra cualquier injusticia, Saúl se haría respetar y se ganaría incluso la vida a través de las peleas callejeras, la venta y alquiler de revistas y periódicos, la cosecha de algodón, o aprovechando la brillantez de sus hermanos (como Eloy, muy hábil en las matemáticas) para conseguir llevar la comida y dinero a la casa obtenidos a cambio de exámenes o tareas resueltas. La clave está en cómo este muchacho rebelde, al que sus amigos apodarían luego Ringo, aludiendo a un personaje de cine western, se convertiría rápidamente en un gran líder sindical. Seguramente fue que los sueños generados con la revolución cubana y las ideas socialistas que ya abrazaba Ulises, su otro hermano, lo que permitieron que Saúl canalizara su indignación y energía a través de la lucha política y sindical.
Así, trabajador minero en Marcona, de pronto se fue constituyendo en un dirigente inmenso, en un gran organizador de la clase trabajadora. Saúl decía, según testimonios de sus hermanos, que no bastaba la lucha sectorial o reivindicativa, sino que había que luchar por un proyecto de país y de sociedad. Igualmente que nada se podía hacer sin las masas organizadas y conscientes de su fuerza y capacidad para transformar el destino. Junto a la de Pedro Huilca, su muerte significó la pérdida de uno de los líderes más importantes del proletariado peruano, lo que abrió camino a la ofensiva neoliberal que representaría el fujimorismo, destruyendo los derechos de los trabajadores y del pueblo peruano en la década de los noventa. Este es un homenaje al luchador y no sólo un tributo al mártir, también una convocatoria para recordar a los héroes de la clase trabajadora que como dice Walter Benjamin no cesan aún hoy de ser vencidos en las derrotas de los trabajadores y trabajadoras de hoy y que será vencedores cuando los oprimidos de hoy se liberen. Por ello, Saúl Cantoral vive, tras 25 años, y nosotros seguimos su lucha, multiplicamos su ejemplo.
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bosquejos del porvenir